Cuadrado con quién?
Venezuela y los cuadrantes: ¿con quién estás alineado?
Por: Wilmer Estupiñán
En el béisbol quedó claramente definido con quién se identifica el venezolano: con el éxito, la victoria y la celebración. Ese espíritu competitivo y festivo ha trascendido fronteras, impactando incluso a culturas como la estadounidense, donde el deporte constituye un elemento central de identidad.
Este fenómeno no es casual. Refleja una inclinación natural del venezolano hacia el progreso, la superación y la esperanza. En consecuencia, las nuevas generaciones están llamadas a alinearse con principios sólidos: Dios, el emprendimiento, el trabajo y la educación. No existe fórmula más legítima para el desarrollo integral de una nación. Como bien lo establece la Escritura: “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová.”
No obstante, la realidad nacional ha estado marcada por la actuación de un grupo reducido que, detentando el control de las armas del Estado, ha pretendido imponer un modelo sustentado en la fuerza. Bajo el argumento de garantizar “paz”, se han ejecutado prácticas contrarias a los derechos fundamentales, generando escenarios que comprometen la responsabilidad institucional y la legitimidad del poder.
El uso de promesas populistas, consignas ideológicas y la invocación de la llamada “obediencia debida” sirvieron, en su momento, para movilizar sectores sociales. Sin embargo, el tiempo ha evidenciado contradicciones profundas entre el discurso igualitario y las realidades de privilegio. Hoy, incluso desde dentro, surgen cuestionamientos que revelan un proceso inequívoco: el despertar ciudadano.
Ese despertar se traduce en una afirmación contundente: el venezolano no está dispuesto a continuar bajo esquemas de manipulación, escasez y deterioro. La aspiración colectiva apunta hacia un modelo distinto, orientado al desarrollo, la estabilidad y la libertad.
En este contexto, cualquier transformación real debe dirigirse hacia la construcción de cuadrantes de emprendimiento y progreso, donde cada ciudadano tenga la posibilidad de desarrollarse en un entorno de garantías. La historia universal es clara: los sistemas que se sostienen sobre la represión y la desigualdad terminan colapsando.
Quienes han emigrado y hoy consideran retornar comprenden, con mayor claridad, el costo del desarraigo. Difícilmente aceptarán repetir una experiencia marcada por la incertidumbre y la limitación de oportunidades.
Tras más de dos décadas de resultados adversos, el país enfrenta un punto de inflexión. No se trata de ajustes superficiales, sino de una reconstrucción estructural que permita relanzar a Venezuela sobre la base de su capital humano y sus vastos recursos.
Venezuela se levanta. Venezuela avanza.
Pero ese avance exige orden institucional y responsabilidad sectorial. Las Fuerzas Armadas deben concentrarse en la defensa de la soberanía; la dirigencia política, en la gestión del bien común; los educadores, en la formación de ciudadanos; los jóvenes, en su preparación académica y desarrollo integral; la cultura, en la promoción del talento; los líderes espirituales, en el fortalecimiento de la fe; la familia, en la transmisión de valores; y el sistema judicial, en la garantía efectiva de justicia.
En contraste, los denominados “cuadrantes de paz”, concebidos como mecanismos de control territorial, resultan insuficientes cuando no se abordan las causas estructurales de la crisis, especialmente la precariedad económica y la ausencia de condiciones básicas de vida.
La conclusión es inevitable: el problema de Venezuela no es externo, es interno. Y su solución no radica en el control ni en la coerción, sino en la transformación institucional, moral y productiva del país.
Venezuela no necesita cuadrantes de control.
Necesita ciudadanos alineados con el propósito, la libertad y el progreso.
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