LA DROGA COMO ARMA GEOPOLÍTICA


La situación a la que ha sido conducida Venezuela por un grupo de "revolucionarios trasnochados y recentidos" no es un fenómeno espontáneo ni aislado. Responde a la consolidación de alianzas políticas e ideológicas hostiles a los intereses de los Estados Unidos de América, en las que el narcotráfico ha sido instrumentalizado como mecanismo de agresión indirecta contra la sociedad estadounidense, en convergencia con actores estatales y paraestatales vinculados a China, Rusia, Irán, Cuba, Nicaragua  y otros.

Desde la teoría clásica del Estado, toda nación se estructura sobre tres elementos esenciales: población, territorio y poder estatal. Bajo esta lógica, los adversarios estratégicos de los Estados Unidos identificaron que el elemento más vulnerable no era el territorio ni la institucionalidad, sino la población, y dirigieron sus esfuerzos a su degradación mediante la diseminación sistemática de sustancias estupefacientes y psicotrópicas.

A ello se sumó una política de debilitamiento del control fronterizo, particularmente mediante esquemas de fronteras abiertas, en los que determinados organismos y marcos supranacionales pudieron haber operado —por acción u omisión— como facilitadores indirectos de dichos flujos ilícitos.

Las reiteradas interdicciones de narcolanchas en el Caribe, así como las rutas aéreas provenientes de Venezuela hacia Centroamérica y México, no solo evidencian el transporte de cargamentos ilícitos de alto valor económico, sino la ejecución de una estrategia sostenida de carácter antiestadounidense, cuyo impacto trasciende lo criminal para situarse en el plano de la seguridad nacional.

En este contexto, resulta relevante el reciente sometimiento a la justicia estadounidense del exdeportista olímpico canadiense y presunto narcotraficante Ryan Wedding, incluido entre los diez más buscados por el FBI, acusado de dirigir una red transnacional responsable del traslado de cientos de kilogramos de cocaína desde Colombia, a través de México, hacia Estados Unidos y Canadá, según reportes de Reuters.

De forma concurrente, informes de inteligencia señalan la existencia de conexiones operativas desde Canadá con más de sesenta organizaciones criminales, las cuales, ante mayores restricciones en la frontera sur, habrían intensificado la explotación de la frontera norte de los Estados Unidos, con participación de estructuras delictivas de origen ruso, chino e iraní, entre otras, persistiendo en el objetivo de afectar a la juventud estadounidense mediante el consumo de drogas.

Todo lo anterior configura una guerra asimétrica, no convencional e informal contra los Estados Unidos, frente a la cual la respuesta defensiva legítima implica necesariamente una acción firme, preventiva y estratégica.

Debe quedar claro para los adversarios externos que este conflicto no concluye hasta que los Estados Unidos aseguren su victoria. Y respecto de los enemigos internos —históricamente los más peligrosos—, el Estado estadounidense no claudicará ante presiones ni agresiones, por severas que estas resulten.

Viene a colación el adagio: “La astilla que más aprieta es la del propio palo”; sin embargo, que apriete no implica que alcance sus objetivos.

Quienes hemos sido acogidos por esta Nación, donde hemos decidido arraigarnos y formar familia, y cuyos hijos hoy son parte activa de su tejido social, tenemos el deber de defenderla con el ejemplo, no solo formándonos en sus valores, sino preservándolos con nuestra conducta y compromiso cívico cotidiano.




Dr. Wilmer Estupiñán
Abogado – Jurisdicción Venezuela
Consultor en Inmigración e Hidrocarburos
One World Trade Center
Manhattan Ny USA
+1 212 220-6644



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